La capital de Nueva Zelanda demuestra que la infraestructura ciclista impulsa el uso de la bicicleta en los barrios

El éxito de una red de movilidad no depende solo de la voluntad de los ciudadanos, sino de la cercanía y seguridad de las rutas. Así lo confirman los datos recientes de la capital de Nueva Zelanda, Wellington, donde la expansión estratégica de su red de ciclovías ha logrado un incremento significativo en el uso de la bicicleta a nivel de barrios y distritos.

Desde el año 2022, el ayuntamiento local (Wellington City Council) ha ejecutado un programa intensivo que sumó 32 kilómetros de rutas nuevas. Los resultados son contundentes: el uso diario de la bicicleta creció entre un 11% y un 87% en las nuevas rutas, contribuyendo a un aumento general del 18% en toda la ciudad desde el 2020.

El impacto en la proximidad cantonal

Uno de los puntos más relevantes para la planificación urbana es el acceso democrático a la infraestructura. En apenas tres años, Wellington logró que el 53% de sus habitantes viva ahora a menos de 500 metros de una ciclovía, un salto drástico considerando que en 2021 solo el 12% de la población gozaba de esa cercanía.

Este enfoque de “red conectada” ha permitido que, por primera vez, existan rutas continuas que conectan los sectores norte, oeste y sur con el centro de la ciudad. Para el año 2026, se espera finalizar la conexión del sector este (Evans Bay), completando cuatro corredores seguros hacia el núcleo urbano.

Innovación técnica: “Más rápido y a menor costo”

Para lograr estos avances en tiempo récord, la municipalidad no se limitó a las obras tradicionales de concreto y bordillos. El programa destacó por el uso de métodos de transición rápida y bajo costo, que incluyen:

  • Uso de pintura señalizadora.
  • Separadores atornillados al suelo.
  • Uso de maceteros como barreras físicas.

Según los informes municipales, estos tratamientos interinos cuestan aproximadamente una décima parte de una construcción tradicional. Esto permite a la administración probar los diseños en el mundo real, recopilar comentarios de los vecinos y ajustar la infraestructura antes de realizar inversiones permanentes.

Seguridad y opinión de la comunidad

La percepción de seguridad ciudadana también ha mostrado una división clara basada en la infraestructura. En los suburbios donde existen ciclovías mejoradas, la satisfacción de los usuarios alcanza el 75%, mientras que en las zonas donde no hay carriles exclusivos, la confianza cae apenas al 28%.

Además, el proyecto no se ha limitado únicamente a los ciclistas. La intervención ha servido para realizar mejoras integrales en el espacio público que benefician a todos los vecinos, tales como:

  • Mejoras en aceras y pasos peatonales.
  • Nueva iluminación y arborización.
  • Mejoras en el drenaje pluvial y paradas de autobús.

Con más de 10,000 comentarios recibidos por parte de la comunidad para ajustar el diseño de las rutas, Wellington se posiciona como un referente de cómo la gestión municipal puede transformar la movilidad cantonal mediante la escucha activa y la ejecución ágil de proyectos.

El modelo “low-cost” de Wellington: ¿Una solución para los cantones costarricenses?

El reciente éxito de la red de movilidad en Wellington, Nueva Zelanda, ofrece una lección valiosa para las municipalidades de nuestro país: no siempre se necesita una obra de infraestructura masiva y costosa para transformar el cantón.

A menudo, los proyectos de movilidad en Costa Rica se estancan por falta de presupuesto o por la complejidad de las licitaciones de obra civil. Sin embargo, Wellington ha demostrado que el uso de métodos de transición —como separadores atornillados, maceteros y pintura estratégica— permite construir rutas seguras a una décima parte del costo tradicional.

¿Por qué este modelo funcionaría en nuestra realidad municipal?

  1. Agilidad presupuestaria: Al reducir los costos en un 90%, las municipalidades podrían cubrir distritos enteros en lugar de intervenir solo unas pocas cuadras con cordón y caño de concreto.
  2. Validación con el vecino: Estos sistemas permiten “probar” la ciclovía. Si un diseño afecta el comercio o el flujo vehicular de forma imprevista, los separadores se pueden mover. Esto reduce el conflicto social y permite ajustes basados en datos reales antes de invertir en concreto definitivo.
  3. Impacto inmediato en la seguridad: El dato es claro; la satisfacción de seguridad sube del 28% al 75% cuando hay separación física. En cantones con alto tránsito, esta medida puede salvar vidas en cuestión de semanas, no de años.

La experiencia internacional nos dice que la gente sí quiere usar la bicicleta, pero solo cuando se siente segura. Si los gobiernos locales costarricenses adoptan este enfoque de “probar y ajustar” con materiales de bajo costo, podríamos ver una transformación en la conectividad de nuestros barrios mucho antes de lo previsto.

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