Energía solar municipal: el modelo de Ann Arbor para los cantones de Costa Rica

La búsqueda de una mayor autonomía energética y tarifas más justas está llevando a los gobiernos locales en todo el mundo a tomar un rol activo en la gestión de sus recursos. Un claro ejemplo de esto se está viviendo en la ciudad de Ann Arbor, en Michigan (Estados Unidos), donde se ha puesto en marcha un pionero plan piloto de energía solar y almacenamiento en baterías a nivel residencial, bajo la administración de su propia empresa pública municipal de energía.

Según reportó originalmente el portal especializado SmartCitiesWorld en su artículo “Ann Arbor utility begins solar and storage pilot programme”, el proyecto es impulsado por la Ann Arbor Sustainable Energy Utility (A2SEU) en alianza con la firma FranklinWH Energy Storage. Esta iniciativa representa el primer programa en los Estados Unidos de propiedad municipal enfocado en sistemas residenciales “detrás del medidor” (behind-the-meter).

Soluciones energéticas desde los barrios

La iniciativa, de carácter voluntario, iniciará equipando de manera piloto a unas 150 viviendas en el barrio Bryant. De acuerdo con datos de la empresa municipal, este sector fue elegido debido a que muchas familias enfrentan una pesada carga financiera por los servicios básicos, llegando a destinar más de la tercera parte de sus ingresos al pago de la electricidad. La meta del proyecto es que esta tecnología de almacenamiento reduzca las facturas de luz y fortalezca la resiliencia en la comunidad.

Se estima que la iniciativa se expandirá a unas 1.000 viviendas para el año 2027, planificando un crecimiento continuo en fases posteriores.

Para poner en funcionamiento este ecosistema descentralizado, las baterías residenciales aPower S de FranklinWH se combinarán con los paneles solares en techos suministrados por los proveedores locales Michigan Solar Solutions, Homeland Solar y Oak Electric Service. Además, se utilizará un software especializado de la empresa Texture para coordinar y agrupar todos estos sistemas dispersos, permitiendo que funcionen de manera conjunta con la escala y el impacto de una planta de energía virtual para la comunidad.

Gobernanza comunitaria en acción

Una de las características más interesantes de este proyecto es que su sustento proviene del empoderamiento de la propia ciudadanía: la creación de la A2SEU fue aprobada en las urnas por los propios votantes de Ann Arbor en noviembre de 2024. Esta entidad municipal complementaria opera de forma opcional y se compromete a entregar energía de origen 100% renovable y local.

En declaraciones recogidas por el medio original, Shoshannah Lenski, directora ejecutiva de la A2SEU, destacó: “En nuestra evaluación, FranklinWH sobresalió tanto por su rendimiento técnico como por la experiencia del cliente. Al combinarse con la generación solar local, estos sistemas nos ayudarán a proveer una energía más confiable y resiliente en toda nuestra comunidad”.

Por su parte, Gary Lam, director ejecutivo y cofundador de FranklinWH, señaló que “Ann Arbor está demostrando cómo las ciudades pueden desempeñar un papel de liderazgo en el desarrollo de soluciones energéticas locales”. Según Lam, este enfoque permite a los residentes bajar sus costos de electricidad, aumentar la confiabilidad del servicio y aliviar la presión sobre la red eléctrica general durante los periodos de mayor demanda.

¿Cómo resuena este modelo de Ann Arbor en el contexto de Costa Rica?

La experiencia de Ann Arbor ofrece paralelismos muy enriquecedores para el debate sobre la descentralización de los servicios públicos en los cantones costarricenses:

  • El rol de las empresas eléctricas locales: En Costa Rica ya contamos con una arquitectura institucional que favorece la gobernanza local de los servicios públicos. Empresas municipales como la Junta Administrativa del Servicio Eléctrico Municipal de Cartago (JASEC), la Empresa de Servicios Públicos de Heredia (ESPH) o la Compañía Nacional de Fuerza y Luz (CNFL), así como las cooperativas de electrificación rural (Coopesantos, Coopelesca, Coopeguanacaste y Cooperativa de Electrificación Rural de Alfaro Ruiz), podrían inspirarse en el modelo de Ann Arbor. En lugar de limitarse a distribuir electricidad comprada a gran escala, estas entidades locales están en una posición ideal para facilitar programas piloto que permitan a los vecinos instalar paneles solares y baterías bajo esquemas de financiamiento municipal o comunitario.
  • Resiliencia ante la variabilidad climática y apagones: En los últimos años, Costa Rica ha enfrentado momentos complejos debido a fenómenos como El Niño, que comprometen la capacidad de generación de las plantas hidroeléctricas del país y nos exponen al riesgo de racionamientos o tarifas más caras por el uso de respaldo térmico (combustibles). Fomentar comunidades con sistemas de almacenamiento residencial con baterías permitiría amortiguar el impacto de cortes de energía y, al mismo tiempo, aliviaría la demanda del Sistema Eléctrico Nacional (SEN) durante las horas de mayor consumo (“horas punta”), tal como lo hace el proyecto de Michigan.
  • Políticas locales contra la pobreza energética: Al igual que en el barrio Bryant de Ann Arbor, en Costa Rica existen distritos y comunidades vulnerables donde la factura eléctrica representa un porcentaje muy elevado de los ingresos de las familias. Un modelo de gobernanza local donde las municipalidades aporten recursos de su presupuesto o gestionen fondos de cooperación internacional para equipar hogares con generación distribuida, transformaría de manera real las economías de los hogares costarricenses de menores recursos, asegurando su derecho a una energía limpia, económica y constante.

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