En el ámbito de la gestión municipal, solemos pensar en la infraestructura básica en términos de acueductos, alcantarillado, pavimentación de vías o gestión de residuos. Sin embargo, existe un elemento transversal que muchas veces se planifica en segundo plano y que impacta directamente en la seguridad ciudadana, la equidad de género, la salud y la economía local: el alumbrado público.
A propósito del Día Internacional de la Luz de la Unesco, celebrado cada 16 de mayo, la Fundación Signify lanzó un llamado global para que los gobiernos, las instituciones financieras y el sector privado dejen de considerar la iluminación exterior como un componente secundario del desarrollo y comiencen a tratarla como una infraestructura esencial y central.
Este planteamiento nace de un análisis detallado en el Informe Anual 2025 de dicha fundación, el cual resalta que el alumbrado comunitario sigue estando subfinanciado y relegado en las agendas de planificación urbana a nivel mundial. El artículo original, titulado “Why lighting must be treated as core infrastructure” y publicado por el portal internacional Smart Cities World, expone que dotar de luz sostenible a los vecindarios es una de las herramientas más efectivas y de menor costo relativo para transformar la dinámica social de las comunidades.
El impacto social de una calle iluminada
Mario Giordano, presidente de la Fundación Signify, describe con claridad el problema: “La iluminación a menudo se trata como un componente secundario del desarrollo, cuando en realidad es fundamental. Sin ella, las clínicas cierran al atardecer, los niños dejan de estudiar y las mujeres no se sienten seguras al caminar a casa”. De acuerdo con la organización, la meta global inmediata debe ser integrar la iluminación de manera sistemática en las políticas de desarrollo, acción climática y estrategias de infraestructura pública.
Para entender la dimensión del reto, basta observar los datos del programa Brighter Communities (Comunidades más Brillantes) de la fundación, el cual trabaja en tres áreas prioritarias que impactan de forma directa en los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS) de las Naciones Unidas:
- Educación: Alumbrado en centros educativos y parques recreativos para que la niñez tenga espacios seguros para recrearse o estudiar tras la puesta del sol.
- Salud: Luz confiable para garantizar la continuidad de la atención médica nocturna en clínicas y centros de salud de zonas rurales o vulnerables.
- Vida comunitaria: Recuperación de espacios públicos en barrios informales y comunidades vulnerables mediante iluminación de calles, disminuyendo los índices delictivos.
A través de estos esfuerzos en 19 países, más de la mitad de los beneficiados directos (un 52%) han sido mujeres y niñas, un sector de la población que experimenta de forma diferenciada la inseguridad en los espacios públicos oscuros.
La realidad costarricense: de la lámpara tradicional a la gestión comunitaria
Si trasladamos esta discusión al contexto de Costa Rica, la necesidad de transformar el enfoque del alumbrado se vuelve evidente. Históricamente, en muchos cantones de nuestro país, el alumbrado público se limita al reemplazo periódico de luminarias de sodio por tecnologías LED por parte de las empresas distribuidoras de energía (como la CNFL, el ICE, JASEC, ESPH o las cooperativas rurales), un proceso que avanza pero que muchas veces se ejecuta de forma aislada, sin una articulación estratégica con los planes de ordenamiento territorial o los planes de seguridad de las municipalidades.
Para que la iluminación funcione como un motor de desarrollo en nuestras comunidades —como en los barrios del sur de San José, las zonas costeras de Puntarenas o Limón, o los asentamientos en la periferia de Alajuela— no basta con colocar un poste y un foco. El artículo de Smart Cities World destaca una lección fundamental: la infraestructura de iluminación en zonas vulnerables solo es sostenible a largo plazo cuando la comunidad se apropia del proyecto.
Un ejemplo práctico mencionado por la fundación es el proyecto en el asentamiento de refugiados de Palabek, en Uganda, desarrollado junto a Acnur. En ese lugar, la ubicación de las luminarias no se decidió desde una oficina de ingeniería, sino mediante consultas directas con los vecinos para entender cómo usaban los espacios compartidos. Además, los propios residentes fueron capacitados para instalar, mantener y proteger los sistemas. Un año después, casi el 100% de las luminarias siguen funcionando adecuadamente porque la gente local tiene las capacidades técnicas y el sentido de pertenencia para cuidarlas.
En el régimen municipal costarricense, este enfoque “grass-roots” (desde las bases) podría transformar la gestión de los espacios públicos. Si las municipalidades, en coordinación con las asociaciones de desarrollo integral (ADI) y las empresas eléctricas locales, involucraran directamente a las comunidades en el codiseño de los planes de iluminación urbana y en la vigilancia comunitaria de estos activos, se reduciría notablemente el vandalismo y se optimizaría la inversión pública.
Hacia ciudades inteligentes y seguras
Tratar la iluminación como infraestructura central también implica concebir el poste de luz como el nodo inicial de una ciudad inteligente. Una red de alumbrado público eficiente y conectada digitalmente facilita la incorporación de sensores de monitoreo ambiental, cámaras de seguridad municipal y sistemas de gestión de energía que reducen la huella de carbono de los cantones, alineándose con las metas de descarbonización de Costa Rica.
Como bien resume Yue Cui, directora de la Fundación Signify: “Cuando los residentes de una comunidad pueden señalar una farola y decir: ‘Nosotros instalamos eso’, el proyecto pasa a formar parte de la comunidad en lugar de ser una intervención externa”. El desafío está lanzado para los nuevos gobiernos locales de nuestro país: es hora de ver el alumbrado no como un gasto en la factura eléctrica del cantón, sino como la base indispensable sobre la cual se construye la seguridad, la movilidad y la reactivación económica nocturna de nuestras ciudades.








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