E-bikes en Costa Rica: Lecciones de participación urbana desde Nueva York

La planificación urbana moderna exige que las ciudades no solo adopten nuevas tecnologías de movilidad, sino que lo hagan de la mano con las comunidades que habitan y transitan sus calles. Un ejemplo de esto se está gestando en la costa este de los Estados Unidos. Según detalla un reciente reporte del medio especializado SmartCitiesWorld (titulado en su versión original “New Yorkers have say on location for e-bike battery swapping locations”), el Departamento de Transporte de Nueva York (NYC DoT) y el Departamento de Bomberos de dicha ciudad (FDNY) han lanzado una consulta pública digital para que la misma ciudadanía decida la ubicación de gabinetes de intercambio de baterías para bicicletas eléctricas.

La iniciativa busca solventar dos grandes retos urbanos: garantizar la seguridad vial frente al riesgo de incendios por baterías de litio de baja calidad y facilitar la jornada laboral de los miles de repartidores de plataformas de entrega (delivery), un sector que suele verse obligado a cargar pesadas baterías de repuesto para completar sus turnos de trabajo.

Una red segura diseñada por y para los usuarios

El proyecto neoyorquino contempla el despliegue de armarios o gabinetes exteriores equipados con tecnología de supresión de incendios y control del estado de las baterías. Al respecto, el alcalde de Nueva York, Zohran Kwame Mamdani, señaló en declaraciones recogidas por la fuente original: “Estamos construyendo una ciudad en torno a las personas que viven y trabajan aquí: sus empleos, sus sueños, sus vidas reflejadas en la infraestructura en la que invertimos”. Mamdani destacó que la iniciativa busca apoyar a los trabajadores, mejorar la seguridad y validar los medios de transporte por los que la población ya está optando de forma creciente.

Por su parte, el comisionado del NYC DoT, Mike Flynn, reforzó el valor de las bicicletas eléctricas como una alternativa de movilidad eficiente y sostenible, especialmente para los repartidores. “Estos gabinetes de intercambio de baterías harán que la carga sea más segura y accesible durante el trabajo. También estamos invitando a los neoyorquinos a opinar a través de un nuevo portal para ayudarnos a ubicarlos donde funcionen mejor y tengan el mayor impacto”, puntualizó Flynn.

La decisión de avanzar hacia esta infraestructura pública, que se prevé esté completamente energizada y operativa para el año 2028, se tomó tras un exitoso plan piloto de seis meses realizado en 2024. Los resultados de dicho piloto demostraron que estas estaciones no solo son seguras, sino que permitieron a los repartidores optimizar sus rutas y realizar más entregas en menos tiempo, mejorando directamente sus ingresos.

El espejo para Costa Rica: retos comunes de la micromovilidad en el GAM

Aunque Nueva York y San José difieren drásticamente en escala y densidad, los desafíos de gobernanza y transporte que expone este caso de estudio son sumamente familiares para el contexto costarricense.

En la Gran Área Metropolitana (GAM), cantones con alta actividad comercial y de servicios como San José, Montes de Oca, Curridabat, Heredia o Alajuela han experimentado una explosión en el uso de bicicletas y motocicletas eléctricas, impulsada en gran medida por la informalidad laboral y el auge de las aplicaciones de entrega a domicilio (Uber Eats, PedidosYa, DiDi Food).

Si analizamos el modelo neoyorquino bajo la lupa de la gobernanza local costarricense, se identifican tres puntos clave de aprendizaje:

  1. La seguridad humana y habitacional: En Costa Rica, muchos repartidores y usuarios particulares viven en cuarterías o zonas residenciales densas donde cargan sus vehículos de manera improvisada. La falta de normativas técnicas locales para la carga segura de baterías de litio de micromovilidad representa un riesgo silencioso de incendios estructurales, similar al que motivó la intervención del FDNY en Nueva York. Las municipalidades costarricenses, a través de sus departamentos de patentes, planificación urbana y gestión de riesgo, podrían empezar a prever zonas seguras de carga pública.
  2. Gobernanza participativa y urbanismo táctico: La idea de abrir portales de consulta pública para decidir el mobiliario urbano es perfectamente replicable por los gobiernos locales costarricenses. Municipalidades que ya cuentan con iniciativas de presupuestos participativos o aplicaciones de reporte ciudadano podrían utilizar estas herramientas para consultar a los vecinos, ciclistas y repartidores dónde hacen falta puntos de conectividad, biciparqueos seguros o estaciones de carga, democratizando el uso del espacio público.
  3. Formalización y apoyo al sector de entrega: El repartidor en Costa Rica suele operar en condiciones de alta vulnerabilidad vial y laboral. Crear infraestructura pública de soporte (como estaciones de carga rápida de baterías que funcionen bajo esquemas de alianzas público-privadas o cooperativas municipales) dignificaría su labor y ordenaría los flujos de tránsito en los cascos urbanos, evitando que las aceras se saturen de vehículos mal estacionados mientras esperan sus pedidos.

El proyecto de Nueva York nos recuerda que la tecnología aplicada a las ciudades inteligentes no se trata únicamente de sensores complejos o algoritmos, sino de resolver problemas cotidianos de la ciudadanía trabajadora mediante la participación directa y la mejora del espacio público compartido. Una lección que, sin duda, los municipios costarricenses harían bien en estudiar para la planificación de sus futuros cantones.

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