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Inteligencia artificial en Toyota Woven City

El desarrollo de las ciudades inteligentes ha dejado de ser una promesa de maquetas para convertirse en laboratorios vivientes. Un ejemplo de esto es Toyota Woven City, la urbe experimental ubicada a los pies del monte Fuji en Japón, que inició formalmente operaciones en septiembre de 2025. Recientemente, según reportó el portal especializado Smart Cities World en su artículo “New AI technologies unveiled at Toyota Woven City”, Toyota Motor Corporation y su filial Woven by Toyota (WbyT) presentaron un conjunto de tecnologías basadas en inteligencia artificial (IA) que buscan transformar la gestión urbana, bajo una premisa fundamental: la tecnología debe complementar la intuición y capacidad humana, no reemplazarla.

Este enfoque, que en la filosofía de la empresa se denomina Kakezan (término japonés que significa “multiplicación”), busca generar soluciones de alto impacto social mediante la cooperación mutua entre la experiencia de producción en masa, el desarrollo de software y las ideas de innovadores externos, a quienes llaman “inventores”.

Un cerebro digital para la seguridad vial y el espacio público

Entre las innovaciones presentadas destaca el denominado Woven City AI Vision Engine, un modelo de IA a gran escala que procesa en tiempo real datos visuales, ambientales y de comportamiento captados por cámaras, sistemas de movilidad y reportes de los usuarios. La meta es predecir riesgos y coordinar la infraestructura de forma automatizada para resguardar la seguridad de peatones y conductores.

A este motor se suma el Woven City Integrated Anzen System (sistema integrado de seguridad), apoyado por herramientas como Woven City Behaviour AI—que interpreta patrones de conducta humana— y Woven City Drive Sync Assist, que asiste la conducción según el entorno. Toda esta red interactúa con plataformas de datos unificadas (Woven City Infra Hub y Woven City Data Fabric), diseñadas para asegurar que la información sirva a la colectividad respetando la privacidad individual.

Si trasladamos esta tecnología al escenario de Costa Rica, las aplicaciones potenciales en la gobernanza local son evidentes. Imaginar sistemas similares en los cantones con mayor densidad vehicular y comercial, como San José, Montes de Oca o Heredia, permitiría optimizar los tiempos de los semáforos inteligentes, predecir puntos de congestión en las llamadas “horas pico” y, lo más importante, aumentar la seguridad de los peatones en los centros urbanos. En lugar de intervenciones viales basadas en la intuición política, los gobiernos locales costarricenses podrían planificar su ordenamiento territorial con datos predictivos duros sobre cómo se mueven realmente sus habitantes.

El valor del “laboratorio viviente” y el espacio para inventar

Un componente central del proyecto japonés es el Inventor Garage, un centro de desarrollo integral inaugurado en abril en las antiguas instalaciones de una planta de estampado de vehículos. Este espacio complementa un circuito de tres etapas indispensable para la innovación: el diseño de prototipos, la validación en entornos controlados (Inventor Field) y, finalmente, las pruebas en entornos reales con residentes reales. Actualmente, cerca de 100 habitantes (denominados Weavers) forman parte de esta última fase de experimentación. A este ecosistema se han integrado recientemente nuevos actores, alcanzando un total de 24 socios estratégicos, entre los que figuran la firma de aviación eléctrica Joby Aviation y la AI Robot Association (AIRoA).

Para las municipalidades costarricenses, el concepto del Inventor Garage y los laboratorios vivientes ofrece una gran lección de urbanismo y empoderamiento comunitario. Costa Rica cuenta con un fuerte ecosistema de universidades públicas, centros de formación técnica como el INA y movimientos comunitarios organizados.

Un gobierno local en nuestro país podría replicar este modelo a escala micro, transformando antiguos planteles municipales en desuso o salones comunales en “laboratorios ciudadanos”. En estos espacios, los comités de vecinos, junto con estudiantes de ingeniería y urbanismo locales, podrían co-crear soluciones tecnológicas de bajo costo adaptadas a su propia topografía y necesidades: desde sistemas de alerta temprana de inundaciones para comités de emergencia en zonas vulnerables (como los cantones de la Vertiente del Caribe o el Pacífico), hasta aplicaciones comunitarias para la gestión y recolección eficiente de residuos sólidos en barrios residenciales.

La experiencia en las faldas del monte Fuji demuestra que la tecnología urbana más avanzada solo es útil si se valida con la comunidad y se orienta a mejorar el bienestar diario de las personas, una visión de gobernanza local perfectamente aplicable y necesaria para los cantones de Costa Rica.

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