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Alianzas locales y resiliencia frente al cambio climático en las costas de Nicoya y Abangares

El panorama climático global exige respuestas locales urgentes, y las comunidades costeras de nuestro país están asumiendo el liderazgo. Tomando como base el artículo original “La UCR trabaja en un proyecto de adaptación al cambio climático junto con pescadoras y molusqueras del golfo de Nicoya”, publicado por la Oficina de Comunicación e Información de la Universidad de Costa Rica (UCR), se visibiliza una importante iniciativa que entrelaza la ciencia académica con el conocimiento tradicional marino en zonas clave de las provincias de Puntarenas y Guanacaste.

El proyecto, denominado Resocclim-Nicoya (“Resiliencia social al cambio climático en el golfo de Nicoya, Costa Rica: desarrollo colaborativo de futuros sostenibles para la pesca a pequeña escala”), arrancó en 2023. Esta propuesta de acción social e investigación interconectada busca dotar de herramientas prácticas a las poblaciones costeras que dependen de la pesca artesanal y la extracción de moluscos, sectores sumamente vulnerables ante las alteraciones del entorno.

Enfoque territorial y comunidades participantes

La iniciativa ha concentrado sus esfuerzos en cantones que viven de cara al mar, donde la variabilidad climática impacta de forma directa el plato de comida y el sustento diario. El trabajo de campo se desarrolló de manera conjunta con los habitantes de las siguientes localidades:

la realidad del golfo bajo la lupa de la ciencia

El equipo científico a cargo del proyecto reúne a especialistas de diversas disciplinas: los biólogos Astrid Sánchez y Álvaro Morales, el hidrólogo Hugo Hidalgo y el meteorólogo Eric Alfaro. A ellos se integran las nutricionistas Marcela Dumani y Shirley Rodríguez, quienes lideran el componente de seguridad alimentaria.

Los datos técnicos son claros y preocupantes para la realidad costarricense. El hidrólogo Hugo Hidalgo advierte que las proyecciones muestran un incremento constante de la temperatura de entre 2 y 3 grados centígrados para mediados de siglo, llegando hasta los 4 grados a finales del mismo. Aunque se prevé una disminución de las lluvias a partir del año 2050, el peligro inmediato radica en los eventos extremos: aguaceros torrenciales concentrados en poco tiempo que provocan erosión y evitan que el suelo absorba el agua de forma adecuada. Esto eleva la aridez general y reduce la disponibilidad de agua dulce para el consumo humano en los distritos costeros.

Por su parte, el biólogo Álvaro Morales destaca que el aumento del dióxido de carbono (CO2) altera el pH del agua del mar. Esta acidificación perjudica directamente el desarrollo de las larvas de moluscos. Un ejemplo palpable en el contexto nacional es la progresiva escasez de las almejas, un recurso que antes era abundante y que hoy cuesta conseguir en las playas de Manzanillo o Colorado.

El liderazgo de las mujeres y la respuesta comunitaria

Uno de los hallazgos más significativos del estudio es el rol fundamental que juegan las mujeres organizadas en el golfo de Nicoya. La nutricionista Marcela Dumani enfatiza que la perspectiva de género es indispensable, ya que son ellas quienes, de manera voluntaria y utilizando sus propios recursos escasos, lideran los proyectos de mitigación y resiliencia en sus barrios.

Las familias de estos distritos recurren a la diversificación para subsistir, combinando la pesca con el autoconsumo e intercambios de alimentos. Sin embargo, se enfrentan a barreras estructurales severas. La mayoría de los pescadores utiliza pangas con motores fuera de borda adquiridos mediante ahorros propios o préstamos informales, debido al nulo acceso al financiamiento bancario formal. Además, la falta de agua potable constante en las comunidades frena el desarrollo de emprendimientos locales basados en la preparación de alimentos.

La resiliencia actual no nace de la abundancia, sino de una adaptación forzada por la necesidad. A pesar de esto, existe una alta disposición de los lugareños para respetar las vedas y proteger el manglar, entendiéndolo como una barrera natural indispensable contra el cambio climático.

Metodologías participativas para construir el mañana

A través de talleres basados en la narración de historias y el codiseño de escenarios futuros, el proyecto ha logrado que los vecinos de Chira, Colorado y Manzanillo traduzcan la preocupación ambiental en planes de acción comunitaria. Ana Cecilia Solís Ugalde, gerente de Mudecoop R. L. en Manzanillo, y Guiselle Campos Villarreal, vecina de Costa Pajaros, coinciden en que esta unión entre la academia y el saber local les devuelve la confianza y les permite entender que sus esfuerzos diarios realmente aportan a mitigar un problema global.

El compromiso de la UCR, según sus investigadores, es devolver de forma permanente estos análisis a los cantones involucrados y elevar las recomendaciones a las instituciones estatales correspondientes, asegurando que el conocimiento científico se convierta en política pública para el bienestar de nuestras costas.

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