El desarrollo tecnológico global ha puesto sobre la mesa un debate fundamental para el urbanismo y la gobernanza local: el consumo energético de la infraestructura que sostiene internet y la inteligencia artificial. De acuerdo con el artículo original titulado “London aims to be global leader in green data centres”, publicado por el portal especializado SmartCitiesWorld, el alcalde de Londres, Sadiq Khan, presentó un informe detallado que revela el enorme impacto que están teniendo estas instalaciones en la red eléctrica de la capital británica.
En la actualidad, Londres se consolida como el principal nodo de centros de datos del Reino Unido, al albergar 99 instalaciones que consumen alrededor de 760 megavatios (MW) en sus horas de mayor demanda. Para dimensionar esta cifra, dicho consumo equivale a la electricidad que utilizan unos 750 000 hogares. Ante la proyección de que la demanda eléctrica podría multiplicarse significativamente debido a la fila de solicitudes de conexión a la red, la alcaldía londinense ha planteado una estrategia integral. Esta iniciativa busca transformar la ciudad en un laboratorio de pruebas para soluciones verdes, tales como la reutilización del calor residual para calefacción comunitaria y una planificación urbana restrictiva mediante la política del London Plan para evitar que el crecimiento tecnológico desplace la construcción de vivienda.
Contextualización y oportunidades para el modelo costarricense
El fenómeno descrito en la nota de SmartCitiesWorld ofrece lecciones valiosas para la gobernanza local en Costa Rica. Si bien nuestro país posee una escala territorial y demográfica distinta a la de la metrópoli británica, la atracción de inversiones tecnológicas de este calibre plantea retos similares en términos de ordenamiento territorial y capacidad de la infraestructura pública.
A nivel local, un escenario idóneo para analizar esta dinámica es el cantón de Belén, específicamente en los distritos de San Antonio y La Ribera. Esta zona de la provincia de Heredia se ha caracterizado por albergar importantes parques industriales, zonas francas y centros de servicios corporativos de alta tecnología. La eventual instalación o expansión de un gran centro de datos en este cantón generaría una presión inmediata sobre las subestaciones eléctricas locales y la gestión de los recursos hídricos (utilizados frecuentemente para los sistemas de enfriamiento de los servidores).
Bajo la perspectiva del desarrollo de comunidades inteligentes y el empoderamiento local, las municipalidades costarricenses, en coordinación con las empresas de servicios públicos, tienen la oportunidad de liderar la planificación de estas infraestructuras. El ejemplo del proyecto en la zona londinense de Old Oak and Park Royal, donde el calor residual de los servidores se canaliza para proveer calefacción a hogares y comercios, podría inspirar modelos de economía circular adaptados a las necesidades tropicales, como procesos industriales que requieran control de temperatura o sistemas de secado en sectores productivos cercanos.
Sinergia con la matriz eléctrica renovable de Costa Rica
El punto de mayor ventaja competitiva y diferenciación para Costa Rica radica en su estructura de generación eléctrica. Mientras que grandes centros tecnológicos globales sufren para descarbonizar sus operaciones debido a que dependen de redes eléctricas alimentadas por combustibles fósiles, nuestro país cuenta con una matriz donde más del 90% de la energía proviene de fuentes renovables (hídrica, geotérmica, eólica, biomasa y solar).
Para replicar y superar la estrategia de sostenibilidad de ciudades como Londres, la articulación entre el gobierno central, las corporaciones municipales y las entidades energéticas es crucial. Un centro de datos establecido, por ejemplo, en las cercanías de los distritos industriales de Alajuela o Heredia, operaría de forma casi intrínseca con una huella de carbono sumamente baja en comparación con sus pares europeos o norteamericanos.
No obstante, para que esta estrategia sea sostenible y no comprometa el abastecimiento de las comunidades residenciales ni el desarrollo urbano local, se requiere adoptar el enfoque de “coordinación total de la ciudad” que menciona el artículo original. Esto implica:
- Planificación regulatoria local: Actualizar los planes reguladores cantonales para zonificar adecuadamente los espacios donde fiscales y técnicamente se puedan establecer estas megas estructuras, asegurando que su demanda no compita con los planes de vivienda social o áreas de conservación.
- Alianzas público-privadas en energía: Crear incentivos para que las empresas tecnológicas inviertan directamente en la expansión de redes de distribución locales o en proyectos de microgeneración distribuida complementaria (como techos solares a gran escala en los mismos complejos industriales), aliviando la carga del sistema nacional.
- Gobernanza participativa y grass-roots: Involucrar a las comunidades organizadas de los distritos afectados para garantizar que la llegada de infraestructura tecnológica de punta se traduzca en mejoras tangibles para el espacio público, la conectividad local y la creación de empleo técnico en la zona.
La experiencia internacional demuestra que la transformación hacia una ciudad inteligente no consiste únicamente en adoptar tecnologías avanzadas, sino en gestionar sus impactos ambientales y sociales de manera compartida entre el sector público, el sector privado y los ciudadanos.








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